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Confirmado. El cine brasileño existe, y es de calidad. Unas películas te pueden gustar más que otras pero hay que reconocer que todas están bien hechas y que cuentan con argumentos interesantes. Por tanto, el cine hecho en Brasil no tiene límites y puede llegar a donde se proponga.

Éstas son algunas de las conclusiones generales a las que llegué después de asistir durante la semana pasada a varias de las proyecciones del III Cine Fest Brasil de Barcelona. Para las conclusiones particulares, mejor vayamos por partes:

“Incurables”. Interesante pero claustrofóbica. Creo que son dos adjetivos que definen a la perfección este film. La película de Gustavo Acioli empieza bien y presenta una trama interesante: un tipo con una pistola en el bolsillo contrata a una prostituta para pasar la que parece ser su última noche antes de un ajuste de cuentas. Esta idea intrigante por su posible desenlace se difumina conforme se desarrolla el film, entrando en un juego de sexo implícito, humo de tabaco y confesiones extrañas. Parece ser que los dos protagonistas acaban enamorándose, cuando lo que “pedía” el argumento era un final trágico. La puntué con un regular.

“Los Desafinados”. Lleno hasta la bandera, con lo que me tocó sentarme en las primeras filas por haber llegado tan solo 5 minutos antes de la proyección. De nuevo me ocurre que la película que, a priori, menos debería de interesarme de todo el festival acaba siendo la que más me gusta. En este caso la historia trata de Los Desafinados, un grupo de músicos brasileños que optan por emigrar a Nueva York en busca del éxito y que participan, casi sin darse cuenta, de esa nueva corriente musical denominada bossa nova. La película del director Walter Lima Jr. me emocionó en varios momentos gracias a esos instantes de conexión musical prácticamente espontánea entre los protagonistas y por ese rollito bohemio de crear una comunidad de músicos emigrantes en un loft de la capital del mundo. Además, el film incluye un par de apuntes necesarios sobre la situación socio-política que se vivía en los años 60 en los países suramericanos, con sendas dictaduras en Argentina y Brasil. Lo dicho, excelente y emocionante, así que se la recomiendo especialmente a todos aquellos que se enternecieron tanto con “Once”.

“Vidas”. Buen documental sobre el mundo de la artesanía en Brasil. La película repasa todos los oficios que se mantienen en las regiones brasileñas y cuyo principal factor de producción sigue siendo la mano humana. Es por ello que se incluyen entrevistas y testimonios de ceramistas, pintor@s, escultor@s, tejedor@s, etc. Lo que no se sabe muy bien a qué viene es la historia paralela de los dos realizadores del documental, de los cuales se intercalan imágenes en la sala de montaje mientras se manifiesta su historia de amor. Yo creo que nadie del público entendió si realmente esta historia de amor formó parte del “making of” de esta película o simplemente era una sub-trama de ficción, de cualquier forma, no casa para nada con el hilo documental que se le pretende a “Vidas”. Me quedo con una de las declaraciones que se escuchan en el film: “Los artesanos somos como dinosaurios, pero aquí estamos con vida”.

“Perro sin dueño”. Ésta empieza con un polvo en un balcón. Y es que la película es un retrato de la relación entre un licenciado en literatura sin muchas ambiciones en la vida (Ciro) y una modelo con un montón de ilusiones y ganas de conocer mundo. El sexo continúa presente durante todo el metraje de la cinta, así como el humo del tabaco y de los porros. Pero el punto de inflexión llega cuando ella le dice a Ciro que tiene un cáncer y que deben de dejar de verse. Es en ese momento cuando el protagonista, hasta ahora lo que se dice vulgarmente un “huevón” que apenas se dedica a pasear a un perro al cual ni le ha puesto nombre, entiende la dimensión de la vida humana. Se retrata entonces el paso a la madurez de toda una generación que tal vez tuvo las cosas demasiado fáciles al principio. “Perro sin dueño” agrada pero me esperaba algo más, resultando excesivamente lenta en algunos momentos.

“Mutum”. O de cómo es la vida de una familia en el medio rural de Brasil. La trama se centra en Thiago, uno de los hijos pequeños, y de cómo va descubriendo el mundo de los adultos a través de una serie de experiencias trágicas para él: su padre es violento, no muestra ninguna señal de afecto con nadie y acaba por matar a su compañero de trabajo; su hermano menor muere repentinamente a consecuencia de una enfermedad; su tío, tal vez la persona de la familia a la que más quiere, debe abandonar el hogar familiar después de una historia de cuernos que no queda demasiado explicada en el film; una madre que lo sobreprotege pero que no acaba de entender lo que le pasa a su hijo. “Mutum” es una película densa, pero de importantes matices existenciales.

De las cuatro películas restantes que se proyectaron durante el III Cine Fest Brasil (“Estómago”, “Mi nombre no es Johnny”, “Tropa de élite” y “Bye Bye Brasil”) no puedo comentar nada porque no pude ir a verlas. De cualquier forma, según la página web oficial del festival, os puedo adelantar que el premio especial del público acabó recayendo en “Estómago”, la cinta que inauguró el ciclo. Y, si no me equivoco, la película de Marcos Jorge entraba esta semana en el circuito comercial de proyecciones, así que todos tendremos otra oportunidad para redimirnos.