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Los noventa están de moda. Es un hecho. No lo digo sólo por las camisas de franela y cuadros de leñador canadiense que todo el mundo se ha empeñado en recuperar de sus armarios. También algunos grupos que parecían historia, y nunca mejor dicho, se han puesto de acuerdo para regresar. Permitidme unas reflexiones así a bote pronto.

A los discos de Dinosaour Jr, que realmente nunca se fueron, y al nuevo trabajo de los recuperados Alice In Chains en 2009 podríamos sumar la tan cacareada gira de los Pixies. Primero se volvieron a reunir hace unos años y ahora siguen estrujando la gallina de los huevos de oro presentando nuevamente el cojonudísimo Doolittle. Porque digo yo que también podráin sacar un nuevo trabajo… Y que conste que lo digo con todo el cariño que tengo por el cuarteto de Boston.

Salvando las distancias, viejos amigos noventeros como Skunk Anansie, con su recopilatorio Smashes and Thrashes, también han ‘amenazado’ con su regreso y mientras servidor escribe estas líneas ellos se encuentran en una importante gira por el viejo continente. Decían en las últimas entrevistas concedidas a la prensa especializada con una gran ‘modestia’ que desde que marcharon no habían escuchado ninguna banda que los igualara y que la gente los reclamaba. Que su cantante Skin en solitario no se ha comido un rosco supongo que era un dato secundario…

Pero para sorprendente el anuncio de que Soundgarden se ‘arrejuntaban’ tantos años después. Parecía imposible. Con Cameron totalmente integrado en la máquina Pearl Jam, otros noventeros que para nuestra fortuna nunca marcharon y se muestran imponentes en su último trabajo; un Cornell que se echado a perder por caminos mainstream y un Thayil y Shepperd más desaparecidos que Lobatón…La reunión está cerca y una misteriosa página web del grupo lo demuestra. Todavía no han colgado nada nuevo, pero si hemos aguantado más de doce años sin estos maestros, podremos esperar unos meses.

En muchos de estos casos hay una ‘mano negra’ con forma de multinacional que se aprovecha del componente nostalgia de los que ahora rozamos o rebasamos la treintena, los mismos que gozamos en riguroso directo la movida noventera. Nos guste o no, hemos pasado a ser el objetivo principal de la mayoría de las grandes discográficas con bandas de rock en su catálogo.

También venden basura de politono para las masas, como siempre, y productos dedicados a los teenagers, pero los que durante la década de los noventa éramos unos críos ahora podemos –en mayor o menor medida- permitirnos de vez en cuando comprar discos con precios insultantes e ir a macroconciertos para escuchar aquel temazo que escuchábamos al salir del instituto.  

Para “nosotros”, los de la treintena, todavía tiene sentido rebuscar en las tiendas de discos, comprar  originales, ponerte nervioso intentado quitarles el plástico, ojear el libreto de cabo a rabo y pincharlo en nuestra cadena a todo volumen. El mp3 está guay cuando sales de casa, pero conectarte al spotify, last.fm y similares son demasiado modernos para los que crecimos con Nirvana, Soundgarden, Blur o Pixies. Somos otra generación, la de los ‘viejóvenes’ que supieron vivir sin internet. Por no hablar de los primitivos cassettes, que con tanto mimo grabábamos con nuestros temas favoritos.

Las modas vuelven pero nunca solas. ¿Acaso creéis que es algo que fluye? ¿Es algo inconsciente? Pues yo creo que vuelven porque alguien ha decidido que “toca” que vuelvan. Y no hace falta ser un hacha en secuencias matemáticas para darse cuenta que siempre se vuelve a llevar o vemos con nostalgia lo que ha pasado hace 20 años mientras la década anterior es una auténtica horterada. Pensadlo.

Seguramente si el bueno de Kurt Cobain levantara la cabeza y viera al personal con semejantes pintas revival mientras compran el DVD el directo de sus Nirvana en el Reading del 1992… se pegaría otro tiro.

VVAA: “Memoria. A tribute to the nineties” (YR Letter Records)

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Y toda esta reflexión que podría continuar, ampliar y matizar -pero para eso espero vuestras aportaciones-, viene a cuento de un disco que ha caído entre mis manos y que rinde homenaje precisamente a la década de los noventa en su versión más ‘alternativa’.

Publicado por el pequeño sello YR Letter Records, el título del trabajo no podía ser más explícito: Memoria. A tribute to the alternative 90s. Y claro, alguien de mi quinta, que haya vivido la época con pasión, comienza a salivar con tan sólo leer el título. Más todavía con una portada iconoclasta, alegoría del mito Cobain, y dos padrinos de excepción y en activo como Walter Schreifels (Quicksand, Gorilla Biscuits, Rival Schools) y Jonah Matranga (Far, Onelinedrawing, New End Original, Gratitude) a cuyas bandas hemos rendido pleitesía durante años y años.

Como os habréis imaginado tratándose de un tributo, no es una simple y aburrida compilación con los hits de antaño. Hasta un total de 17 versiones a cargo de grupos actuales, la mayoría desconocidos para el público español, rellenan un disco entretenido.

Divertido porque puedes descubrir cual es uno de los grupos favoritos de Frank Turner, que versiona el ‘Sally’ de los irlandeses Kerbdog en plan acústico, descubrir que el propio Walter admira My Bloody Valentine y borda ‘When You Sleep’… Y, sobre todo, jugar a las siete diferencias escuchando estas versiones y comparándolas con las originales, por todos conocidas.

Cabe decir, para ser justos, que muy pocas covers salen victoriosas y, en el mejor de los casos, podemos decir que calcan a los autores. Es el caso del tema ‘Grant Hart’ de los Posies que ofrecen los Billy Gaz Station o el loco ‘Getchoo’ de Weezer que se marcan DevonMiles. Pocos arriesgan o le dan un enfoque diferente, craso error en mi opinión. Así, por ejemplo, el ‘Corduroy’ de Lead Orphans me suena descafeinado comparado con el de Pearl Jam que encontrábamos en el oscuro Vitalogy y  el ‘Aneurysm’ de Nirvana a cargo Novels no tiene chispa.

Mención aparte merece la versión radioheadiana y sinuosa del tema de Deftones ‘Be Quiet and Drive (Far Away) con el que sorprenderá a propios y extraños Jonah Matranga, quien cosas de la vida rinde homenaje a sus discípulos. Porque sin Far seguramente no existirían los Deftones que todos conocemos. Pero ese ya sería otro tema y daría para otra columna…