No sé qué tiene el pop que tiene la capacidad de erizarme todos los pelos del cuerpo, sobretodo las melodías a dos o tres voces, especialmente si cada una hace un tono diferente. Si eso lo vas combinando con unos cuantos uuuhs, aaahs y pa-pa-pas, una guitarra y un bajo que van haciendo intrincados y bonitos juegos, una batería precisa y unos delicados tecladillos, el erizamiento es tal que puedo acabar recordando a la Pantera Rosa cuando en un episodio la ponían en una secadora y salía convertida en una especie de pom-pon rosa gigante. Y no exagero, esto es lo que me ha pasado con el último disco de Las Charades (y primero para Bcore), En ningún lugar, durante el par de semanas que hace que lo tengo, en que no he parado de escucharlo (¡a veces hasta cuatro veces seguidas!). Igual pensais que dos semanas es poco tiempo para hacer una crítica y que hay que dejarlo madurar. Pues no, no estamos hablando de los malditos King Crimson. El pop se escribe con tres letras y En ningún lugar (el disco, not the song) dura un suspiro y a la tercera vez ya estarás cantando, tarareando o silbando sus pegajosas melodías. Eso es lo que importa, y así se lo comunico a ustedes.

Igual pensareis que estoy exagerando, porque en la mayoría de críticas de hoy en día todo el mundo deja bien a todo el mundo, pero ahora mismo estoy escuchando “Hanna Arendt” y tengo el pelo erizado, sobre todo en los brazos y el cogote, no miento, es algo empírico.

No sé que más puedo añadir. A ver, ya he usado las siguientes palabras: “pop”, “coros”, “guitarras”, “intrincados”, “bonitos”, “juegos”, “teclados”, “delicado” “uuuh”, “aaah” y “pa-pa-pa”. Ah sí, añadiré que el lema de Las -con perdón del señor- Charades es “nunca sobran coros”. Que su debut “When Shining Blue” fue la primera referencia del sello discográfico Corea Discos y que anteriormente el grupo había editado un 7” y participado en numerosos recopilatorios internacionales, incluido el último recopilatorio del prestigioso sello americano Kill Rock Stars.

Que en el disco suena a veces un instrumento que se llama “dobro” y que es
una guitarra resofónica, un instrumento de cuerda de la familia de los cordófonos similar en su apariencia a una guitarra, y de gran arraigo en el medio Oeste de Estados Unidos. Su sonido recuerda al de la steel guitar.

Sí, eso les da a veces un rollete a lo Byrds, pero casi inapreciable, más que ver tienen con Essex Green, con los que comparten el gusto por el pop guitarrero hiper-melódico (a la vez que poderoso) con el corazón anclado en los 60 pero los pies bien firmes en el maldito siglo XXI. Escuchando el disco a veces me da por pensar también en Softies o Gaze, esos emocionantes girl-groups de K Records o los/as reyes/inas del twee pop Talulah Gosh o Heavenly. Pero, eh, también en La Granja o The Stems, por el rollete power-pop psicodélico.

Pero, olvidadlo, Las Charades no se parecen a nadie en concreto. Creo que he hecho este name-dropping para que ellas/él puedan ver en una crítica de un disco suyo a sus bandas favoritas (estoy seguro). Las Charades tienen mucha personalidad, talento y (lo más importante) canciones como grandes soles. ¡Que hagán otro disco mañana!

Nota 1: Se me olvidaba: el disco está producido magistralmente por Santi García, está lleno de detallitos y vibráfonos y “dobros” y percusiones y cositas delicadas de la calle Petritxol.

Nota 2: Esto es la crítica del CD. Los CDs son una mierda pinchada en un palo. El elepé de Las Charades tiene una canción más que el CD, “Un lugar de los dos”, que sale anunciada en los créditos del CD pero no está y promete coros y guitarras del mejor grupo de rockandroll de la península, Biscuit. Así que dentro de unas semanas compraré la versión en vinilo y haré la crítica de esa canción en concreto. Lo juro. El que quiera mi posavasos que lo diga.

No te pierdas su concierto de presentación en Barcelona el Sábado 2 de Febrero en la [2] y en otras ciudades.