A dios pongo por testigo que he intentado escuchar este disco con mente abierta, pero es imposible, por mucho que la haya abierto: no me gustan ni las canciones, ni la voz del tío-tía que cantan, ni los instrumentos que usan, ni la producción, ni nada de nada…
El grupo de nuestras antípodas Architecture in Helsinki mezclan en Places like this muchos estilos (demasiados) en una amalgama postmoderna de indie actual y sonidos ochenteros, que en mi caso se me ha empachado. Por ochentero me refiero a la concepción que tienen de los ochenta los oficinistas square: o sea, Cindy Lauper, coros de chico-chica, ahora-tú-ahora-yo y sintetizadores con sonidos raritos como de videojuego del Commodore 64, y no a Gang of Four, los Feelies, Rites of Spring o los Jasmine Minks.
No sé porque Polivynil Records sacará estas cosas hoy en día, imagino que para quitarse el sambenito de “emos” que les habían colgado por culpa de las bandas que formaban parte de su escudería de un tiempo a esta parte: Rainer Maria, Paris Texas, Sunday’s Best, Braid y compañía, pero me gusta más que saquen cosas como Saturday Looks Good to Me (eso sí ha sido un acierto), que aunque el nombre suene a grupo de emo-rimmel-adolescente son una banda de pop atemporal entre Belle and Sebastian y Beach Boys, por decir algo, que sí han conseguido colarse en mi corazoncito.
Pero supongo que esto es mucho más moderno y menos demodé que ese punk entre melódico y melancólico que era su marca de fábrica (y que, por cierto, a mi me gustaba más). A mí Places like this a ratos me recuerda a la banda sonora de “Lío en Rio”, esa horrible peli con Michael Caine, esa especie de Calypso blanquito comercial que tuvo durante 5 minutos su momento de gloria. Otras veces la canción se basa en un ritmo hip-hop old school sobre el que suenan unos sintetizadores usados como si fuera la boda de vuestra prima y el cantante cantando con gran histrionismo con mucho yeah-yeah-yeah, baby baby y arrastrando las vocales al final de las estrofas como si le estuvieran retorciendo los cataplines (¡oaaaaooooeeiiiiiiiiii!). Incluso en algún momento puntual me recuerdan incluso al punk con sintetizador de Milemarker, pero con mucho menos empuje hardcore y bastante menos gracia.
En resumen, no me andaré más con subterfugios, que a mí no me ha gustado nada. En una onda parecida (por los ritmos, por la mezcla ecléctica y por lo bailable) me quedo mil veces con The Go-Team, más que nada porque carecen de esta pesada carga de horterismo eighties intrínseca en Architecture in Helsinki.
Pero bueno, lo que yo opine no deja de ser una opinión personal intrascendente y, en el fondo, lo que importa hoy en día y el rasero por el que se mide a los grupos es su éxito en los festivales (ya nadie compra discos). Y la verdad sea dicha, esto va a triunfar en todos los festis del verano, porque es intrascendente, extremadamente bailable (sí, Michael Jackson también lo és) y porque suena a “los ochenta”, esa década tan graciosa de la que todo el mundo se disfraza para hacer el gilipollas en el quateque de navidad de la empresa.
O sea, que no me hagais ni caso, vosotros poneros la pulserita y a lo vuestro.