Nadie me lo ha pedido. Tal vez no debería hacerlo. Quiero hacerlo. Me esforzaré por no parecer un cursi baboso, aunque no creo que lo consiga. Els Surfing Sirles, además de una de mis bandas favoritas, son unas de mis personas favoritas (Joder, si que tardo poco en ponerme cursi). He compartido de todo con ellos, y cuando digo de todo quiero decir desde un comando itinerante absurdizador a unas galtes de porc de gaupasa. Háganse a la idea: no pienso ser objetivo. Si queréis leer algo objetivo sobre Els Surfing Sirles hacedlo en cualquier otra publicación.       

   Aunque ellos aseguren que llevan diez años tocando, su actividad regular y formación estelar, con Uri Sirla,  Xavi Sirla, Guille Sirla y Martí Sirla, no empezó hasta hace unos cinco años. Tiempo suficiente para que los fans entusiastas de pueblos de mierda de toda Catalunya lleven “Pubilla de cuixa forta” como politono en su móvil pasado de moda. Su trabajo de base en el difunto Tripartit Invertit (Surfing Sirles, El mal ja està fet i FP) por los rincones más indómitos de nuestra geografía, les ha convertido en una banda de culto en lugares de los cuales los ciudadanos de la capital no sabrían ni pronunciar el nombre. Y es bien lógico, pues en el legado musical del Tripartit Invertit, ese CD agotado titulado “D’aquí 100 anys no hi haurà alcaldes”, metieron siete hits de esos de: “aráñame, por favor, esto es demasiado bueno para no sentir dolor”.

   Son sin duda la banda que más veces he visto en directo. Ya sea des de arriba del escenario, des de abajo, des del suelo o des de la barra. E incluso sus conciertos más etílicos me han parecido memorables. He visto infinidad de veces a Xavi moviendo la cabeza al compás del charles, con los ojos cerrados y sin dejar de sonreír; a Martí luciendo vello pectoral des de la segunda canción en verano o invierno indistintamente; a Guille usando el teclado como muro para frenar a un público enloquecido a la vez que se sacaba coros celestiales; y a Uri… Lo de Uri es muy difícil de explicar, realmente no es de este mundo, lleva haciendo el mismo tipo de solos sesenteros des de la época de Sick of Banality (su grupo de hardcore), y parece que finalmente ha conseguido tener la banda ideal donde ensamblarlos. Además, dependiendo de la sustancia que utilice como gasolina, puede llegar a ponerme la piel de gallina ejecutándolos.

 Supongo que ahora, a partir del fichaje por Bank Robber, sus míticos conciertos en el suelo serán menos frecuentes, aunque estoy convencido que nunca lo dejarán, es algo para lo que han nacido, su hábitat natural. Si alguien les ha visto en
La Reina d’Àfrica o el Sugar il·legal Fest entenderá perfectamente de que estoy hablando. Son capaces de hacer que gente que nunca había bailado un Twist muevan las caderas como si les ardiera el ojete

   Y sigamos. Me gustaría hablar de ellos. De cómo conocí a Uri hace un millón de años y lo que significó para mí. De la candidez cascarrabias de Xavi, de la sinceridad emotiva de Guille o del dramatismo rockero de Martí. Celebrar las fuerzas oscuras que han hecho de la hermandad Surfing Sirles, FP y los desaparecidos El Mal ja està fet, una de las cosas más grandes que he vivido; pero a quien le importa, sólo a nosotros mismos, y con eso basta.  Y aquí si que me estoy pasando de cursi. Cambio de tema.

  El disco. Si, todo esto viene al caso porque Els Surfing Silres acaban de sacar un disco. La portada, una parodia de Sonic Youth dibujada por el inagotable Roger, es un descojone. Pero no entiendo por qué han usado Sonic Youth, teniendo en cuenta lo que hay dentro hubiera tenido más lógica una portada de 13th floor elevator. Definitivamente Els Sirles le han dado a los 60’s. El disco tiene más psicodélia y menos punkrock que lo que habían hecho hasta ahora, pero conservan su estilo. Los solos parecen cortados y pegados de alguno de esos viejos discos gloriosos, y el teclado se convierte definitivamente en la especialidad de la casa. Pero no os penséis que se han vuelto unos ruidistas cargantes de esos, su acongojante capacidad para crear estribillos heroicos sigue allí, tan en forma como siempre. “Escolti senyora onada”, la canción que abre el disco, es eso: un estribillo. Y la que sigue, “El trineu”, es tan tarareable que parecen los zombies haciendo una sintonía para el Club Súper 3. Además de otros temazos como “Han atropellat el gat”, en la que consiguen algo que parecía imposible, a saber: meter
La Trinca y Devo en una misma canción; “A la fageda”, un baladón hippie-lisérgico con hermosa letra incluida;  “Saltamarges”, un homenaje a Roger Peláez, el gurú del Tripartit Invertit; “UK a cavall”, con un estribillo cósmico tan grande como los huevos de dios; o “El ié-ié de l’alquimista”, puro punkrock de refugio de montaña.

  Podría seguir hablando d’Els Surfing Sirles. Claro que podría. Pero… ¿debería? ¿No? Entonces lo haré. Sólo un poco. Ahora que por fin se ha cumplido la profecía y les ha fichado un sello más o menos importante, y teniendo en cuenta que van a tener promoción, les entrevistarán en los medios y sonarán en la radio, espero que tengan un éxito apabullante y puedan terminar el trabajo que empezaron con el Tripartit Invertit. Digo esto porque sé perfectamente que no van a perder su idiosincrasia ni su a-mi-no-me-toques-los-huevos, y que, si les dejan, le van a dar par de sopapos en la cara a la conservadora, remilgada e institucionalizada industria musical catalana, así como a la sociedad que la sustenta. Amén!