Hay momentos en la vida en los que te exiges un alto en el camino, la sencillez se ha convertido en tedio y eso te inquieta. Hechas la vista atrás sin esperar descubrir que el óxido está carcomiendo el manillar de tu vieja bicicleta, o que los paisajes coloridos de tu infancia son solo una pálida mancha en el horizonte. Bien, te dices, no pasa nada, y con secretas intenciones te acercas a esos ideales inocentes y hermosos que te pusieron a andar: algunos sobreviven maltrechos, otros desaparecieron sin avisar. Pero algo sigue intacto, algo que sientes y no puedes reducir a palabras, algo que siempre ha estado ahí, un latido persistente que marca el tempo de tu propia canción empujándote hacia adelante ante cualquier circunstancia. Y, aunque no sepas exactamente en que dirección andar, ese latido te recuerda que ciertas ilusiones, como ciertos amigos, te acompañaran dondequiera que vayas, y que la tristeza es también parte del camino. Estas son la clase de verdades que contiene este disco, esta es la vida de Eric Ayotte, la mía, y tal vez la tuya.
Un hombre con una guitarra acústica, solo en un estudio, con una asombrosa capacidad para esculpir melodías y una vida que contar, con sus goces y sus asperezas, con sus esperanzas y sus frustraciones, con sus opiniones y sus sentimientos. Eso es lo único que encontrarás en este disco, y no sé que más se puede pedir.
“And well well well,well it’s all gonna be alright. Some lies are better than others.”
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