En el mundo globalizado que vivimos no debería sorprenderme que los eslovenos In-Sane suenen tan bien y con un sonido tan, digamos, yankee. Pero lo cierto es que su nacionalidad me chocó de primeras cuando le eché un vistazo a la nota de prensa que acompañaba el disco. ¡Decidme cuántas bandas de rock eslovenas conocéis!. Me tendréis que disculpar pero yo ninguna.

Os parecerá una tontería, de acuerdo, pero casos como el de este trío de punkers del Este me gustan porque le estampan a uno la realidad en las narices, recordándole que hay ‘vida inteligente’ más allá de las fronteras de los Estados Unidos o el Reino Unido, quienes indiscutiblemente pusieron las bases del género punkcore hace cosa de tres o cuatro décadas. Sobra decir que poco a poco han ido perdiendo la hegemonía en favor de otros puntos calientes como Canadá, Francia, Alemania, Italia y, claro está, España, por citar unos pocos. Que os voy a contar que no sepáis.

Volviendo a la globalización de la que hablaba anteriormente, cabe decir que ésta va pareja de otro proceso como la occidentalización, lo que supone, en otras palabras, una uniformización en la que suelen prevalecer las ideas, actitudes y formas de unos respecto a los otros. Con esto quiero decir que el disco es made in Slovejna pero rezuma mid-west norteamericano por los cuatro costados.

Sin duda, la uniformización es uno de los lados más perversos de esta llamémosla interconexión planetaria que vivimos y, a menudo, sufrimos. En este sentido, los chicos de In-Sane muestran las dos caras de la moneda: por un lado, no tienen nada que envidiar a bandas veneradas del otro lado del charco y, por otro, adolecen de cierto mimetismo quizás innecesario. Y ojo, que tampoco les pido que incorporen detalles de folklore eslovenos para ser más originales, íntegros o chuminadas por el estilo. Aunque, para ser justos, debo reconocer que tienen un tema parcialmente en eslovaco y que en el primero de los cortes introducen un original didjeridoo como base a una instrumentación rozando el post-core muy conseguido. Pero ahí se acaban sus ganas de salirse del camino marcada por los grandes de la escena punk.

Pero centrémonos en la banda y su flamante Trust These Hands… Are Worthless, un disco que su discográfica Moonlee Records ha tenido a bien enviarnos. Explican en la hoja de prensa que los primeros pasos de la formación se remontan al año 1997 cuando In-Sane comenzaron a encerrarse en el local para pasar el rato emulando a sus bandas de punk rock favoritas, que por aquel entonces eran Nofx, Bad Religion y Millencolin.

La cosa comenzó a ponerse seria, idas y venidas, y la banda comenzó a crear sus propios temas para, en 2005, grabar ya su debut, Keeping Ourselves Close To Our Hearts, un trabajo autoeditado que les sirvió de pasaporte para salir de gira por Europa. Fue entonces cuando el trío formado por Darío (voz / guitarra), Máteja (Bajo / voces) y Shaggie (batería) llamó la atención de sus paisanos Moonlee Records, quienes se ofrecieron para sacar su próximo largo.

Ese largo es el presente Trust These Hands…Are Worthless. La disquera confió ciegamente en ellos, y la banda les correspondió creyendo en si mismos. Grabado durante los meses de junio y julio del pasado año 2009 en el estudio de la propia banda, el DIY Life Trip Studio, el segundo largo de la banda muestra unos In-Sane con las ideas muy claras, sin artificios pero huyendo de lo facilón, mezclando melodías infeccionas con guitarras rápidas y afiladas a lo Nofx, pero gritando sus voces roncas proclamas llenas de rabia y esperanza que pueden recordar a Hot Water Music y los primeros Against Me!. “¿Podemos aceptar sufrir día tras dia?” se preguntan en el corte ‘At The Break Of A New Dawn’.

Su mirada crítica les lleva a detestar el culto a la imagen (‘Red Carpet Pretenders’), la policía (‘Mrtev Policaj’), los medios de comunicación y su desinformación masiva (‘Fail, Stereo, Fail’), explicar historias sobre niños que pierden la inocencia en la guerra (‘Bleed (Story Of a Kid)’) o relaciones rotas (‘From Inside Out’).

Además, las composiciones algo más complejas y progresivas de lo normal en este tipo y algunos detalles ciertamente técnicos harán las delicias de los fanáticos de Propaghandi y Belvedere. Ideal para corear, levantar el puño y dar rienda suelta a nuestro lado más rebelde. Gran descubrimiento.