Hay veces en las que no puedo estar más de acuerdo con todos los que se metían conmigo por lo del Primavera’s y pienso que realmente soy subnormal. Al menos cuando me acuerdo de cosas que he hecho… o mejor dicho, que no he hecho.
Este noviembre pasado, y coincidiendo con el Día de Acción de Gracias, estuve en Brooklyn visitando una amiga. Los que controleis de cultura yanqui sabreis que para ellos es un día muy especial: celebran que los indios salvaron de la más completa inanición a los primeros colonos, y lo hacen atiborrándose a base de pavos descomunales y pastel de calabaza. Además cierran todos los comercios y la gente se va a sus lugares de origen a celebrarlo con sus familias. Los indios no, los otros.
Quizás sea por esto que en toda la semana que estuve allí no hubo ni un solo concierto que valiera la pena. Bueno sí, uno, y no fui.
El concierto en cuestión era del garage-soulero-canadiense-germanoasiático conocido como King Khan y su amigo Mark Sultan “el barbacoas” con unos desconocidos teloneros que respondían al nombre de Jacuzzi Boys.
Para no agobiaros con detalles que no os importan digamos tan sólo que al final no fui, y eso que estaba super-cerca del Music Hall of Williamsburg (antes llamado Northsix, que era donde el concierto iba a tener lugar). Supongo que fue por culpa del peor enemigo del hombre, la pereza, y de la subnormalidad intrínseca de la que os hablaba antes.
No me importa perderme conciertos, así en general, me he perdido miles de conciertos en mi vida, y viendo el estado de las salas en Barcelona y del desgraciado triunfo de los festivales sobre todo lo demás, sé que me voy a perder muchos más. Lo jodío del tema es que al volver de NY me fui arrepentiendo más y más, y no sé porque no podía parar de escuchar el maldito Myspace de los teloneros (y eso que aquí siempre me los salto) y de enamorarme de sus cochambrosas y a la vez perfectas canciones y de todo lo que les rodeaba. Del hecho de que todo el mundo se burlara de ellos por tener una banda de garage en un sitio como Miami, de que sonaran tan cavernosos y a la vez tan pegadizos.
De que sólo hayan sacado siete pulgadas en vinilo en sellos tan desconocidos como Florida’s Dying o Hozac Records y de que no hayan salido nunca (por ahora) en Pitchfork. De que uno de los pocos singles que aún quedan disponibles lo tenga que pillar via la distro de unos tíos de por aquí que hacen un fanzine con nombre de actor garrulo y facha. De que los comparen con Black Lips y no se parezcan en nada a ellos, porque tienen mucho más gancho melódico (donde va ud. a parar) y porque tienen pinta de ser entrañables.
Así que rapidamente me agencié el único que hasta ahora he podido encontrar: Island Avenue EP. ¡Y que gozada es! En poco tiempo y con sólo un single se han convertido en una de mis bandas favoritas del momento. Teneis que escucharlo. El tema homónimo os pondrá de buen humor aunque sea lunes, con esa batería patosa y tribal y esas palmas y panderetas y esos ¡iiiuuuuhhh!. “Dream lion” os recordará a los 13th floor elevators si se hubieran perdido por los pantanos de Florida y tuvieran que sobrevivir comiendo sobrecitos de Ketchup y caramelos Smint. Y “You should know”, con ese estribillo, esos coros tan 60’s punk que hacen “Aaaa-aaaah” y ese fuzzorro taladrante os hará sentir envidia cochina de que alguien pueda conseguir tanto con tan poco, y os recordará que el talento y el gancho melódico es algo que no tiene nada que ver con la pericia y que o lo tienes o no lo tienes. Mira, mala suerte, yo no sé dibujar y me jodo.