A mi la música así me hunde el día, que quereis que os diga. Piano tristísimo, chelo lloroso y violín agonizante acompañan tu tiempo de escucha desde la primera canción a la última. En el primer tema piensas que no vas a poder aguantarlo hasta el final, pero en la segunda canción se incorpora la voz de Antony Hegarty (sí, el de los Johnsons, al que mi señora llama “Jonathan”, no se porqué) y la cosa ya es para llenar la bañera de agua calentita y empezar a sacar las gillettes del armario. Y que conste que reconozco el merito y la calidad musical que hay en este artefacto: es bonito, me lo imagino como banda sonora de una peli muuuuy triste, pero no espereis que lo ponga en casa mientras friego los platos. De hecho, no creo que exista momento de la semana (que digo, del año, ¡de mi vida!) en que pueda estar en vena para escuchar esto, a no ser que muera toda mi familia en un trágico accidente de aviación. Dicho esto, tengo que añadir que “Jonathan” canta como los angeles, y probablemente sea un castratti asexuado como éstos, porque esos gorgoritos no se hacen así como así, y que el creador detrás de todo esto, Michel Cashmore, lleva 15 años como miembro activo de Current 93, grupo industrial y cercano a la escena goth, que en su última etapa se han decantado por un estilo que algunos han denominado “apocalyptic folk”.

Si disfrutasteis con el disco de “Jonathan”, que ahora no recuerdo como se llamaba, que encabezaba todas las listas de lo mejor del año pasado, esto es para vosotros, amigos.

Si, en cambio, os entran ganas de morir cada vez que escuchais algo así (como a mí me pasa) y le partiríais la cara a Isabel Coixet cada vez que que la veis en una entrevista, apartaros de esto como de un leproso e ir a comprar inmediatamente el Singles going steady de los Buzzcocks, que debe valer lo mismo que esto, seguro que lo encontrais en vinilo y os lo pasareis mucho mejor. Avisados estais. ¡Y dejad esas viejas fotos de la ex–novia en el armario y parad de llorar, os digo!