Millencolin son el típico grupo que sin tener nada propio que aportar se han mantenido arriba durante más de quince años. Su truco es bien sencillo: hacen lo que toca.

Cuando hubo el boom del hardcore melódico se subieron a la cresta de la ola sin merecerlo especialmente, simplemente estalló Burning Heart y de pronto todo el mundo comenzó a fijarse en ese montón de grupos suecos que se hacían pasar por californianos. Y resultó que Millencolin estaban allí, como No fun at all, Satanic Surfers, Randy, Astream, Pridebowl, Baseball Annie, Venerea y tantos otros a los que se dio bombo simplemente por pertenecer al recién descubierto filón sueco. La verdad es que a sus compañeros de generación procedentes de, por ejemplo, Alemania, no se les hizo ningún caso a nivel internacional, y no porque lo merecieran menos pues independientemente de su nacionalidad esos grupos eran copias insulsas de grupos que a su vez eran copias insulsas de otros grupos, en una lamentable cadena de imitadores que siempre se remontaba a los gigantescos Bad Religion. Y si he usado como comparación el melódico alemán no es por casualidad, simplemente quería un excusa para reivindicar el primer disco de los tristemente ignorados Killrays, una verdadera obra maestra que se pasa por el forro la mayoría de los tópicos del género.

Pero volvamos a Suecia, allí la falta absoluta de denominación de origen permitió que Epitaph, aprovechando que habían creado una moda, absorbiera Burning Heart para montar una flota multinacional de clones y clones de clones. En medio de esa avalancha Millencollin se convirtió en un grupo de punkrock superventas sin haber hecho nada interesante. Al final lo que pretendía ser un estilo alternativo se convirtió en una especie de mainstream para adolescentes “radicales”. Cuando la moda terminó la MTV ya tenia apunto el chándal metal, luego vino el rock’n roll guarrindongo con estética setentera y ahora lo que se empeñan en llamar “emo”. Con las nuevas modas la mayoría de esos grupos –tanto yakees como suecos- fueron cayendo. Algunos intentaron madurar y aburrieron mortalmente, otros siguieron como siempre y se les dejó de lado, solo unos pocos, entre los que se incluyen estos Millencolin o los lamentables AFI, han entendido que forman parte de la industria musical.

Tres años después de sacar un disco que pretendía ser punkrock serio y pasó merecidamente desapercibido, Millencolin han optado por bajar del burro y adaptarse a lo que les interesa a los adolescentes de hoy en día: letras tristes, guitarreo épico descafeinado y una sensibilidad enlatada que en un grupo de broma como siempre han sido ellos parece un chiste. El ejemplo más claro es “Who’s laughing now”, donde quieren sonar a The Rasmus o alguna mierda por el estilo, y la verdad es que deben conseguirlo porque la canción me provoca la misma urticaria que los finladeses estos, supongo que será el single.

No se como les funcionará este disco, lo que es a mi me aburre profundamente, a momentos hasta da un poco de vergüenza ajena. Pero nunca pensé que Millencolin pudieran aspirar a mucho más que a vender discos.