Recién cumplidos los veinte, tú y tres colegas grabáis vuestro primer disco. Como lleváis cinco años acumulando material y os da pena desechar ideas, os sale muy largo (70 minutos) y muy variado (hay canciones que suenan a GY!BE, otras son folk, alguna os ha salido calcadita a Radiohead y, de tanto en tanto, también os dejáis caer con un poco de jazz). El repertorio parece un auténtico puzzle. Si entre tema y tema ya soléis dejar un océano, hay pistas en las que habéis llegado a volcar ocho ideas distintas, cada una de su padre y de su madre. A pesar de todo, las piezas acaban por encajar. Cuando se da un paso atrás, el resultado luce compacto y muy resultón. Para cubrir vuestra inexperiencia en el estudio y lograr que la cosa quedase curiosa también plastificada, convencisteis al mejor productor independiente del país para que os grabase (Fabio Magistrali) e incluso el chelo de los Books (Paul de Jong) se pasó por allá a echaros una mano. No habéis dejado un cabo suelto; termináis de mimar vuestro trabajo con un sencillo pero hermosísimo art-work en cartulina. Enhorabuena, porque “In case of loss, please return to:” es una gozada. A cualquiera se le hace la boca agua nada más verlo, y acabará de enamorarse cuando lo escuche.

Vaya, ¡a ver quién dice que no os lo habéis currado!… Lo malo del asunto es que habéis nacido en el culo de Italia (Puglia, la punta del tacón). Allí no hay muchas posibilidades en lo musical y vosotros como que sois un poco dejados para el tema de daros bombo. Estáis liadísimos como para dar muchos conciertos, la distribución del disco no acaba de funcionar todo lo bien que debería e incluso vuestro hueco de myspace lo tenéis hecho un desastre. Se os junta el hambre con las ganas de comer y, de este modo, sin pretenderlo, os habéis convertido en el secreto mejor guardado de la música italiana. Las cosas que pasan…