El hype es una cosa muy extraña. Se le llama hype a un producto mediático -como un grupo de música o una película- que ha gozado de una cobertura exagerada por parte de la prensa o una excesiva publicidad, obteniendo de esta manera una popularidad muy alta independientemente de la calidad del producto. Esto, en otras palabras, quiere decir que el hype puede inflar la popularidad de un grupo de manera exagerada para lo que sería normal, no que el grupo tenga que ser una mierda forzosamente.

Algo así le está pasando a No Age, al ser durante el año pasado la-banda-de-la-que-todo-el-mundo-hablaba y al fichar este año por Sub Pop para sacar este Nouns, su primer elepé propiamente dicho (el anterior, Weirdo rippers, era una recopilación de EPs y singles). Esto suele suceder cuando, como en su caso, la revista inglesa Mojo (cuyos reportajes de fondo suelen ser interesantes pero que en las reseñas de discos actuales patinan cosa mala) decide que eres uno de los “10 best new acts” o cuando el tonto de Radiohead se pone una camiseta de tu grupo.

Llamadme elitista pero a mí cuando todo el mundo se pone de acuerdo para echarle piropos al mismo grupo me da bastante mala espina. ¿Que por qué? Pues porque no puedo entender que un grupo que suena muy parecido o que tiene los mismos referentes que otros que se han muerto de hambre en otra época, sean la niñita de los ojos de todos periodistas o creadores de tendencias de la noche a la mañana. Vaya, que no me fío. En muchos casos suele haber razones para su éxito que no conocemos (campañas de marketing, amiguismo, mimetismo –si todo el mundo lo dice será verdad–, etc.).

Pero éste no creo que sea el caso de No Age y es que, a veces, este rollo del hype no tiene que ver con el grupo en sí . Y a No Age se les ve el plumero, en el buen sentido. Sólo hace falta saber de donde saca el nombre el grupo (de un recopilatorio de SST de 1987) o ver alguna de las fotos del libreto interior, especialmente una en la que sale lo que (se supone) es la colección de cintas de cassette de un miembro de No Age. Ahí tenemos el claro ejemplo de lo que escuchaba un adolescente americano que se moviera por el underground a mediados de los 90: muchísimo Dischord y SST, Adolescents, DYS, PiL, The Cure, Ned’s Atomic Dustbin, XTC, Echo & The Bunnymen, algo de NY hardcore, algo de Hip-hop y (¡glubs!) algo de metal.

No Age son hijos de un dios menor. No tienen mucho que ver con lo que sale normalmente en las revistas ni con lo que pueda escuchar el papanatas de Radiohead. No Age son los descendientes de esa tribu de desaliñados que iba de gira en una furgoneta cochambrosa por los EEUU con una mano delante y otra detrás.

Lo que pasa es que los tiempos han cambiado. Y ahora a muchos de esos grupos –si tienen suerte–se les da una publicidad pasmosa. Claro que también tendrá que ver el poso artie que tienen No Age, con todos esos samples, esos pasajes ambientales de electrónica triposa y esa cacofonía hecha en casa, que hace que acaben tocando en SXSW o en el Primavera antes que en (su sitio natural) un restaurante vegano o el sótano de la casa de John Smith, en Alburquerque.
Porque, si le quitamos el componente artie-experimental, No Age no dejan de ser el típico grupo yanqui do-it-yourself, de orígenes punk-hardcore y ruidazo amateur, un grupo que recuerda poderosamente a mis absolutos favoritos Lync, la oscura banda de K Records de la que surgió James Bertram (Beck, Red Stars Theory), pero también a los Sonic Youth de “Teenage riot”, Unwound, My Bloody Valentine o los Hüskers más brutotes.

Y en Nouns, que gana con cada escucha, hay 12 temas, dura 30 minutos y sólo dos de ellos pasan de los 3 minutos entre los que podemos encontrar desde cacofonía, feedback, distorsión y efectos electrónicos hechos en casa hasta el punk-rock caótico, visceral y ligeramente desafinado, que en casos como las redondas “Sleeper hold”, “Here should be my home” o “Brain burner” consiguen crear himnos de punk melódico y ruidoso que podían haber firmado los mismísimos Superchunk.

En fin, un disco entretenido, variado, de bonito diseño y que se sale de la norma habitual, por parte de una banda que quizás no goce de la capacidad de Lync de hacer canciones como montañas a partir de granos de arena, ni quizás sean –de acuerdo– uno de los diez mejores grupos de la actualidad, pero que es preferible al 90% de la bazofia a la que se le suele dar cancha hoy en día.