No se muy bien que magia puede tener un piano. Sí, se pueden tocar con él algunas tonadillas, hacer un ruido de mil demonios o quemarlo, y si no que le pregunten a Jerry Lee Lewis. Pero magia, lo que se dice magia… Y claro, con ese desafortunado nombre, lo primero que viene a la mente es Richard Clayderman, cuyo nombre real es, y siempre había querido decirlo y no venía a cuento, Philippe Pagés. Pero desengañaros, Piano Magic no tiene nada que ver con el cursi pianista rubio. O muy poco.

Piano Magic son un grupo de (según una de sus múltiples discográficas) “ambient pop experimentalists” con base en Londres pero con media formación de origen francés. También, por lo que he podido leer por ahí, se les compara frecuentemente con This Mortail Coil, Joy Division, New Order, Kraftwerk y Durutti Column, este último grupo (con gazapo incluído) el de nombre más cool de todo el planeta Tierra. Pero a mí no me recuerdan a ninguno de esos y mucho menos a This Mortal Coil, que no he escuchado en mi vida. Más bien a Morrisey en solitario, los U2 post-Unforgettable Fire (el principio del disco me recuerda sospechosamente a “Bullet the blue sky” pero con un ligero toque a lo Black Heart Procession) o incluso a Dubstar.

Y que quereis que os diga, yo no los había escuchado nunca, pero después de escuchar “Part Monster”, su nuevo y séptimo disco, supuestamente inspirado en la vida de John Merrick, el hombre elefante, he inventado una nueva etiqueta, que como todas ellas espero que acabe cuajando: Piano Magic son la más perfecta personificación del sonido P.R.O.A. (Post Rock Orientado a los Adultos).

Y es que este disco es muy elaborado, todo suena estupendo. Es una especie de pop ambiental high gloss, siempre entre el intimismo y las enormes guitarras, overdubs a tutiplén, gordas baterías y synths gigantescos, de sonido épico y bien construído pero que a mi me acaba aburriendo. Y es que, aparte de “Incurable” o “Halfway through”, los hits definitivos de este disco, nada me llega ni cercanamente a emocionar. De hecho, en “Incurable” en concreto, supongo que me llega más adentro por la combinación del bajo machacón, la preciosa voz de la chica (que conste que se llama Angele David-Guillou) y lo pegadizo de la melodía, pero como decía antes se acerca demasiado peligrosamente al pop para adultos y la radioformula indie (si es que ésta existiera, que supongo que sí) para que me acabe de gustar del todo.

Posiblemente este sea el típico disco del que si escuchara una canción por la radio me gustaría, acostumbrado a toda la morralla que nos vemos forzados a oir (también en Radio 3), pero que jamás me compraría. Pero es que esto también me sucede con Pet Shop Boys, no se si sabeis a que me refiero.

Y al final lo que pasa es que Piano Magic habitan una tierra de nadie: no tienen el instinto asesino para el hook que tenían New Order ni son lo suficientemente “raros” para agradar a los amantes del post-lo-que-sea, eternos buscadores del perro verde por encima de todas las cosas. Vamos, que los Power, Corruption and lies no nacen de debajo de las piedras y a Part Monster lo encontré en la calle.