Me parece apropiado empezar esta reseña disculpándome primero, ya que este disco se me facilitó hace ya un tiempecito y todavía estamos así. Durante todo este tiempo he tenido este disco a la vista para tener presente que debía escribir unas líneas sobre él. Encima del equipo de música, al lado de la tele, ha acabado siendo un objeto decorativo más del comedor. De los que cuando los levantas queda su silueta enmarcada en polvo allí donde estaba.

En fin, que lo intenté en casa y nunca veía el momento de escribir nada. Me lo cargué al mp3 para escucharlo en el metro e intentar escribir algo allí y tampoco. Aquí viene mi segunda disculpa. Señor perdónanos por los pecados que vamos a cometer. Y es que me sabe muy mal rajar como lo voy a hacer ahora mismo de un disco, lo digo en serio, pero no he tenido otra opción. O esto, o más meses dibujando siluetas cuadradas sobre polvo por mi casa.

Vaya rollo que os acabo de soltar y como se nota que estoy escurriendo el bulto para no escribir sobre el disco estaréis pensando. Pues sí.

Stille Opprör, o Sr Sopor como lo llamo yo, responde al nombre de Christer André Cederberg y es natural de Noruega. Tenía otro proyecto musical en el pasado que se llamaba In The Woods… y según la hoja que acompaña el CD, hacían psychedelic rock. No me fio un pelo de la hoja esta. En la actualidad forma parte de la banda Animal Alpha, que según la misma hoja, hacen excentric punk. ¿Estoy volviendo a escurrir el bulto quizás? Pues sí, pues sí,…

Cierro los ojos, me tapo la nariz, metafóricamente hablando, y empiezo con el disco.

El Sr Cederberg ha estado escuchando mucho a Jeremy Enigk. Para mi eso no tiene nada de malo, al contrario, ya que aunque sus recientes obras no hayan sido santo de mi devoción, le sigo guardando un respeto y un afecto como artista especiales. Pero es que el sonido de este S.o2 me parece un calco a contraluz en una ventana del sonido de Enigk. Salvando las distancias, claro está.

Esta vez no voy a hablar de las canciones una a una porque no va a servir de nada, todas suenan igual. Este es uno de esos discos en el que nunca sabes en qué canción estás. A excepción de la penúltima, que le da nombre al disco y en la cual aparece una voz femenina bastante bonita dándole un poco más de color a esos segundos. Esa voz aparece hacia el minuto siete y la canción va por la mitad, para que os hagáis una idea de los minutajes.

En su conjunto, todo suena impoluto y cristalino como agua de rio noruego. Este disco es una superproducción en ese sentido. Me imagino al Sr Cederberg pasando largas horas sentado delante del Pro-Tools, añadiendo pistas y más pistas a sus canciones. El resultado es una amalgama de efectos, pedales y demás inventos, que hacen de este disco una pieza barroca y difícil de digerir. El tono de las canciones es triste y oscuro, la cual cosa me hace pensar que fueron gestadas durante los meses del año con poca luz, allí en la fría Noruega.

Christer, lo siento tío. Igual lo llega a pillar otro y cuenta maravillas sobre tu disco.