En un tiempo en el que la extravagancia (Animal Collective y derivados) y el exceso (Arcade Fire y derivados) parecen haber tomado el timón de la música independiente, la presentación discográfica de Tall Firs pasará -a estas alturas, ya se puede decir ‘ha pasado’- sin pena ni gloria por la mayoría de oídos. Y es que, quienes busquen piruetas circenses pueden dejar ya de leer esto que escribo, porque aunque provengan del underground neoyorkino, la originalidad a toda costa es la última de las preocupaciones de este trío. La senda transitada por Tall Firs ya fue abierta y explorada hace más de diez años por grupos como Low, Codeine o Idaho. Es más, si me apuran, podríamos seguir tirando del hilo hasta llegar a Nick Drake y, a partir de ahí, perdernos en la historia del rock limpio y sincero.
La música de Tall Firs se basa en echar a un lado todo lo superfluo e innecesario, todas las distracciones, hasta dejar ver, sin efectismos ni aflicción, el corazón emocional de sus composiciones. En este proceso depurativo se dejan atrás modas y estilismos, hasta alcanzar una expresividad que parece suspendida en el tiempo, ajena a todo lo que ocurre a su alrededor.
Aquí encontramos únicamente dos guitarras, tímidamente eléctricas, que se entrelazan de manera precisa y equilibrada, acompañando con delicadeza a unas voces llenas de cálida confidencialidad. De tanto en tanto, asoma la cabeza una percusión extremadamente austera que ayuda a reforzar la canción en los momentos necesarios. Con esto se bastan Tall Firs. No necesitan nada más. Hasta el punto de que cuando se les ocurre añadir algún otro elemento o alterar el patrón expresivo de la instrumentación, se rompe el equilibrio y se revela lo poco acertado del atrevimiento (véanse ‘The woods’ y el tramo final de ‘Road to ruin’).
Al margen del camino de referencias formales que señalaba al concluir el primer párrafo (y tampoco muy al margen), existe un apunte bastante más preciso a la hora de hacerse una idea de cómo suena este grupo. Es muy sencillo: Narcoticen la energía eléctrica de Sonic Youth y tendrán a Tall Firs. Aunque existen vínculos reales entre ambos grupos (repasen créditos y ya verán), esta comparación no necesita muletas. Sólo escuchen “Daydream nation” antes de “Tall firs” y se darán cuenta de que son discos gemelos. Ambos tienen esa pasión pura y atemporal a la que sólo aspiran las obras verdaderamente perdurables. Concluyendo, aquí tienen una inversión segura.





Martes, 17 de Abril, 2007
6:42
chema
hemos añadido el enlace al mp3 ‘the woods’.
como se habrá leído, en esta reseña hago referencia a este tema de manera negativa. es quizá el menos Tall Firs de todo el disco. aunque, paradójicamente, me parece la mejor canción para entrar en contacto con este grupo.
éste es el tema más carnoso del disco, tiene una buena línea melódica y, sin duda, ese arrebato de batería absorta (aunque no del todo conseguido) llama la atención.
como digo, me parece un buen tema con el que abrir boca, para luego adentrarse en un disco que por su parquedad podría asustar si se entrase en él de cabeza.
Miércoles, 18 de Abril, 2007
13:11
Miros The Folloneer
hobre, dudo que sea más parco que codeine o algunos de low.. quiero decir que si conoces a estos grupos ya estás “vacunado”.. me gustan estos grupos pero hay que tener muy claro el momento de escucharlos, porque te pueden hundir el día. (con idaho no me pasa, porque no me gustan tanto)
me parece, si me permites el comentario, que has puesto el listón muy arriba. siempre que he visto que un grupo era comparado con sonic youth, palidecían en comparación. quizá el único caso en el que esto no pasaba fueron los bienamados Unwound con su doble “leaves turn inside you”, un disco apoteósico e inabarcable, el “loveless” de olympia y kill rock stars.
chema, te gustan red house painters?
Miércoles, 18 de Abril, 2007
13:47
chema
el disco de Tall Firs tiene mucho que ver con Codeine y Low, pero también hay muchas diferencias. respecto a lo que tú señalas… posiblemente ambos grupos, Codeine y Low, puedan llegar a ser (han llegado a serlo, sí) más parcos que Tall Firs, quienes siempre te dan, como mínimo, una carnosa línea melódica a la que agarrarte. quiero decir… ¡que nadie le coja miedo a Tall Firs, que no son un espectro! es más, el disco tiene mucha carne y se deja escuchar con facilidad. la advertencia la hacía más que por el sonido del grupo, por los tiempos que corren. ahora mismo se le presta menos atención a todo lo que no suene a hinchado (al menos esa es la impresión que tengo). mucha gente escuchará un par de temas de este disco y pensará, ‘vaya, qué aburrimiento… aquí no pasa nada’. me atrevería a decir que si ‘Frigid stars’ saliese publicado pasadomañana (en vez de hace 17 años), se enterarían cuatro gatos… (no sé si me he pasado).
y a mí me gusta el rollo estridente y recargado, no creas. pero últimamente, como que empiezo a desconfiar un poco (¿en serio hay para tanto con panda bear?).
el disco de Tall Firs me encanta. tiene grandes canciones, pero para no traicionar a la verdad te diré que también tiene más de un patinazo. si los comparo con Sonic Youth (quienes posiblemente sean mi grupo favorito -y ya me cuesta enunciar una sentencia del género…-) es porque me parece que tienen el mismo espíritu. y con esto quiero decir: suenan igual de sinceros, intensos y vivos.
ahora, hago un poco de enciclopedia (tirando de google, no se crean) para decir que Aaron Mullan, uno de los dos guitarristas y cantantes de Tall Firs, es técnico de sonido de Sonic Youth desde hace muuuuchos años. ha estado siempre en el entorno del grupo (incluso en los discos de la Rosenvinge ha metido mano). este disco lo publica Ecstatic Peace, que es un sello propiedad de Thurston Moore, quien -según acabo de ver- ha dicho de Tall Firs que ‘are one of the finer experiences New York NEW rock music has to offer. Daring and Delicious’… y si hay algo bonito en la historia de Tall Firs es que, habiendo estado siempre en pleno tomate musical, han esperado quince años para grabar su primer disco.
pero vaya, que todo esto da igual. por supuesto, este disco no está a la altura de ‘Daydream nation’ (una puta obra maestra). la comparación es en términos de cualidad y no de calidad, que también la hay, y mucha mucha mucha.
a mí los Red House Painter ni fu ni fa… en su día me pillé un par de discos suyos, pero nunca me llegaron a entrar. el año pasado les di un repaso y no me dejaron mal cuerpo, aunque tampoco echó raíces la cosa.
Miércoles, 18 de Abril, 2007
13:48
chema
joder, más largo el comentario que la reseña… ¡glups!