Después de escuchar de un tirón las más de dos horas que dura “Ghetto Beats On The Surface Of The Sun” uno se siente como si volviera de andar descalzo por un bosque toda la noche, o como si hubiera estado yendo en bici por Venus. Como si hubiera estado tomando drogas sin haber tomado drogas, que es una de las definiciones más plausibles que se pueden dar del término “psicodelia” (urgh!).

Algo parecido me pasa cuando escucho los discos más ambientales de Brian Eno o los mismos Can, con los que Tarentel tienen una deuda clarísima (el otro día leí que ya no existen los hijos sin padre). Al igual que Eno o Can, los de San Francisco construyen un creativo caos controlado lleno de texturas sonoras a cual más sorprendente, en el que los instrumentos sirven para crear sonidos y las canciones oscilan entre el minuto escaso de duración y los diecisiete (con un par de huevos, sí señor!). Por supuesto no esperéis encontrar nada parecido a lo que vuestra madre llamaría “canción”, porque no lo hay.

Advertencia #2: todo aquel que le tenga pánico a cualquier cosa que pueda ser catalogada como “post-rock” debe evitar este disco a toda costa.

Es curioso porque Tarentel empezaron hace más de diez años haciendo un rollo muy cercano a Mogwai y Godspeed You Black Emperor!, y lo hacían realmente bien. Estos días me he estado re-escuchando los dos discos antiguos de ellos que tenía por casa y han aguantado muy bien el paso del teimpo, como el “Pygmalion” de Slowdive o el “Hex” de Bark Psychosis, joyas del showgaze británico con las que Tarentel también tienen cierto parentesco.

Dicho ésto, debéis saber que”Ghetto Beats…” no tiene absolutamente nada que ver ni con Mogwai por un lado ni con el shoegaze por el otro y, la verdad, se agradece porque ¿quién en su sano juicio desea escuchar hoy en día la enésima revisitación del patrón “calma-tormenta-calma”? Hace tiempo que Tarentel abandonaron el barco en el que Mogwai y Explosions In The Sky siguen embarrancados para abrazar una propuesta mucho más personal y arriesgada, que sigue partiendo de la repetición y los drones, a los que en los últimos tiempos han añadido una rítmica tribalista (perdón por la palabreja).

Grupos como Wolf Eyes convierten la música experimental en algo amenazante. Escuchar a Tarentel, en cambio, es una experiencia edificante y extrañamente adictiva, un “festín para los sentidos”, como dicen los anuncios de chocolate. Algo que, ciertamente, requiere un esfuerzo por parte del oyente, como esas cosas que requieren paciencia (buscar setas , hacer un allioli, pasear a un perro o hacer un masaje de pies), pero que siempre recompensan el tiempo dedicado.

Otra cosa que convierte a Tarentel en un grupo especial es que continuamente están publicando EPs y singles y uno de sus miembros, Jefre Cantu-Ledesma (no me digais que no tiene nombre de gurú de la psicodelia), tiene un sello más pequeño todavía que Temporary Residence que se llama Root Strata.

Además muchas de sus incontables ediciones salen de manera exclusiva en vinilo, algo que desde aquí aplaudo. Siempre me ha caído bien la gente que hace majaderías como publicar exclusivamente en vinilo, y, desde luego, hay que calificar como majadería publicar cuatro LPs de manera consecutiva y al cabo de un par de años recopilarlos en estos dos cds.