Antes de entrar al tajo, permítanme una contextualización previa, ya verán para qué: no sé si es porque, sin querer, me enfrento muy mediatizado, casi con la mano en el cinto, a los últimos fenómenos musicales (¡son los nuevos Simon & Garfunkel! ¡No! ¡Son los nuevos The Jam!) o porque he desarrollado esos filtros que la edad interpone entre uno y el mundo para que no vuelvan a dársela con queso (por vez quincuagésima), pero es que casi todo lo más último y mejor me parece de una mediocridad acojonante. El nuevo folk americano, Devendras, Xiusxius, etcétera: mediocridades. Por mucho que me digan que se inspiran a la vez con los Apalaches y la bossanova . ¿Y el nuevo garaje lo-fi: Real Estate, Harlem, Dum Dum Girls, etcétera? Mediocridades también. Y lo mismo susimpersonators patrios, que cada vez hay más. ¡Y eso que no son malos artistas! Qué va: hacen buena música, pero son incapaces de conmover. Se trata de algo muy simple: hacen lo mismo que hicieron otros antes y lo hacen mucho peor. Desarrollan un sonido guapetón, guarrete pero cuidado, tienen buenas influencias (citan de memoria lo mejor del post-punk y medio catálogo de postcard), tienen un estilo molón… ¡Oh, pero si lo tienen todo! Ya, tíos, pero ¿y las canciones? ¡Os las habéis olvidado en vuestra search of coolness (¿Cómo traduciríamos esto? ¿La búsqueda de la molonidad? Sí, algo así).

Y en estas que llega Ted Leo con su nuevo disco.

Comprenderán que entonces me den ganas de hacer todas las metáforas a la vez: la del jarro de agua fresca, la del oasis en el desierto, la de la puta en el monasterio y la del alkaseltzer en día de resaca.

Este es un disco en donde uno no tiene que esforzarse nada para disfrutar, ni buscar referencias que puedan hacerlo más “molable”, ni ponerse a sudar para encontrar un hilo conductor. Aquí hay canciones y melodía a espuertas. Y aquí hago un breve excurso a modo de aviso para los jóvenes músicos occidentales que puedan estar leyéndome: las melodías NO TIENEN NADA DE MALO. Silbar composiciones de Bacharach es algo que la gente lleva cincuenta años haciendo con estupendos resultados terapéuticos y espirituales.

Lo que les decía: qué bueno y qué bonito este nuevo disco de Ted y los Farmacéuticos. Qué de todo que hay en este disco. Desde los lamentos anticapitalistas de “Mourning in America” hasta el espíritu punkrockesco de “The Stick”, pasando por el hit de tarareo obsesivo “Bottled in Cork” o la sensacional “Bartolomeo and The Buzzing of Bees”, para mí lo mejor del disco. Una tras otra, trece cancionazas trece. Yo diría que es incluso superior a su anterior “Living with the living” y, por supuesto, un buen cacho mejor que Tiranny of Distance y Hearts of Oak, que tampoco estaban nada mal. Es decir, que es un vinilo fabuloso, y no hay mucho más que añadir. Háganse un favor: encárguenle esta joya a La Castanya y olvídense un rato de modernices garaje lo-fi, leñe.

¡Esperamos en candeletas el concierto de presentación!