Con THE END OF THE WORLD no tengo nada claro y el Google (bendito Google) no me ayuda tampoco mucho, la verdad. Cuando el apocalíptico nombre presagiaba en mi mente tormentas de kilowatios, voces agónicas y baterías como martillos pilones, la realidad se vuelve más amable conmigo y me encuentro con un grupo que es todo lo contrario.

Creo que son neoyorquinos, que actúan en formato trío y que tienen este disco y otro EP. Datos éstos que por sí solos no sirven de nada para animarte o no a comprar un disco, salvo que seas raro de cojones o estés enfermo.

Tampoco me ayuda mucho mi cultura musical para aclararme con lo que hacen THE END OF THE WORLD. No estoy ante un grupo de guitarras distorsionadas o especialmente contundentes, ni tampoco ante un grupo-siesta, de esos para entendidos que o hacen estructuras complejas e interminables o bonitas compasiones folk que aburren a los no expertos como yo. Más bien estoy ante un grupo con cierto regusto amateur a lo PAVEMENT u OXFORD COLLAPSE y un deje rockerillo a lo THE ORANGES BAND, lo que me lleva a pensar en TELEVISION, Richard Hell, Patti Smith y la escena del punk neoyorquino prerramoniano, sin tampoco ver una conexión muy clara con nada de lo que he citado.

También pienso en la VELVET UNDERGROUND y Lou Reed cuando oigo sus desbocadas eléctricas en “Oh, Nashville” pero tampoco sé por qué.

Lo más desconcertante del caso es que cuando ha dejado de sonar el disco no pienso en nada. Creo que la sensación que tengo es de satisfacción y de que no he tirado mi dinero pero podría ponérmelo una y otra vez y creo que nunca retendría ninguna canción o melodía en mi cabeza, y haberlas las hay. Me imagino que si sacan otro disco y lo veo a un precio razonable me lo pillaré, porque en el fondo hay algo que me atrae hacia ellos, pero que no lo termino de ver claro en este disco.