Con The Show Break me asalta un cisma radical, luterano: lo que canta ella es maravilloso y lo que canta él es, casi en su totalidad, insufrible. Así pues, The Show Break son recomendables y detestables a partes iguales. Pero vayamos a los momentos memorables que vale la pena detallar. En concreto, Salenum, en la posición número 5 del cedé, en donde se parte de un sentimiento pantanoso, arrastrado, con unos vientos que gimen y que encajan en el sentir general –el mundo no marcha bien, estamos todos muy enfadados y la mayoría es gilipollas-. Más adelante se produce una encabronada de lo más resultona: él grita algo así como “¡me pensaba que te habías muerto, coño!” (en inglés, claro) y ella va gritando sin ton ni son que yeah! y que woooo!… y venga caos y griterio y la trompeta en un tremendo arrebato a lo Miles de principiante. Maravilloso. Siguen algunos arrebatos similares y ella da el callo todo el rato, con su cantar quebradizo, como una Bonnie Tyler que se ha unido a Pavement. Ahora bien, cuando él abre la boca, dan ganas de taparle la boca con uno de esos palos con los que ceban a los gansos para hacer foie. Y ahora el turno de los curiosos que no están interesados en la reseña… ¿quieren información? Bien, pues ahí va:
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